Es adictivo como un beso, pero yo no quiero besar a un cenicero.
No soporto el humo, y veo consumir dos paquetes al día.
La tos se mete en mi mente y ya la hace crónica, la escucho día tras día.
Es muy difícil ver como la persona que quieres se va consumiendo y sus pulmones van poco dejando de respirar, los alvéolos se contamina de esa sustancia echa de carretera mojada y de otras que desconocemos y son perjudiciales.
Él lo sabe, pero ya no puede vivir sin sus caladas, es como si le faltará el aliento ese que nos roban cuando nos enamoramos.
Quemaría todos los paquetes de esa puerta de acceso a la muerte.
No ves que es como tragar humo de una chimenea, te deja los dientes amarillos, la ropa huele fatal y tus manos empiezan a amarillear.
Lo peor son tus pulmones esos puros con los que naciste, el humo los empaño y tus ojos se vuelve tristes al ver que ya te faltan fuerzas para respirar.
Deja de Fumar o me matarás.

